
“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor”
Lucas 4:18, 19.
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Cuando hablamos del “Rhema de Dios” no sólo prentendemos informar a los cristianos la necesidad imperante de escuchar la voz de Dios. De tomar un modelo de intercesión que fortalezca la vida de iglesia. Tampoco que el término provoque un despertar de emociones que quede allí... solamente en emociones. Apuntamos más bien a la actitud del que escucha la voz y la cumple; del guerrero que no da tregua, del que mira venir al enemigo y le hace frente. Nos está tocando vivir en un momento histórico en el que predomina la individualidad y la generalidad; cada uno somos parte importante en la sociedad, pero al mismo tiempo estamos solos en medio de una multitud. Entonces es necesaria la participación de aquellos que oran con pasión por las almas y sus necesidades; y que además, derriban fortalezas espirituales contrarias al Espíritu del Señor. Cuando vemos los resultados de orar e interceder fervientemente, sólo podemos declarar una cosa: “La oración es la clave de la Bendición”. Y es que, la tierra gime por ver la mano de Dios, y la mano de Dios es movida por la fe. ¿Hasta dónde hemos llegado por no ejercer el dominio espiritual que nos ha sido delegado?
Nuestro desafío tiene diversos nombres; llámese confusión religiosa o religiosidad, nueva moralidad, globalización, deshumanización, violencia, desintegración familiar, enfermedades físicas y espirituales, tales como espiritismo, hechicerías, brujerías, santería, fidencismo, etc. Cada uno de estos nombres representan fortalezas espirituales contrarias al Espíritu Santo, y no vienen solas, les anteceden otras con menos fuerza que les abrieron camino y esas se llaman heridas, que promueven algunos eventos pasados y difíciles. ¿Te das cuenta cómo el enemigo llega silenciosamente sin tocar a la puerta? Además, son fortalezas que han detenido por mucho tiempo nuestro crecimiento. ¿Y qué es lo que hace la Iglesia del Señor?
Y es que siendo poseedores de esta tierra y viendo el desafío que nos representa, no podemos dejar de preguntarnos: ¿Acaso es este el Sueño de Dios? ¿Esto es lo que ha recibido como mandato el cristiano?
¿En qué dirección apunta la realidad de la humanidad actual? ¿Y hacia dónde apuntan los anhelos de Dios? ¿Nos conformamos con la civilización moderna y la adoptamos como forma de organización humana para todos, incluso para la Iglesia del Señor? ¡Claro que no!
Ha llegado el momento de vivir el Rhema de Dios, escucharle y participarle... es el momento de vivir la fe que mueve montañas, que es pequeña como “grano de mostaza” pero grande como “los milagros”.
¿Dónde queda aquello de que vivir por fe es VER lo que no se VE? ¿Y dónde lo de ejercer autoridad delegada por el SEÑOR? No es tiempo de conocer la Palabra de Dios solamente. Ha llegado el momento de VIVIRLA. Las historias son historias y nada más. Actuemos en base a las promesas que tenemos de obtener el triundo sobre las batallas, de derribar al enemigo y sus huestes, de sanar a los enfermos en su Nombre, echar fuera demonios... de ser portadores de Buenas Nuevas.
¡Cómo no detenernos a mirar nuestra realidad y derramar lágrimas por ella! El Señor sueña con una iglesia a la cual el mundo mire como su mejor alternativa de Vida y Esperanza. Una iglesia que viva por Fe y venza enfermedades de espíritu, alma y cuerpo. Llegó el momento de interceder por nuestro mundo, con pasión, con Amor.
Leí que cuando dos corazones oran como uno, suceden grandes cosas; imagino qué sucedería si miles de corazones oraran como uno por este mundo. La iglesia debe ser la comunidad de sanidad y libertad para las almas; pero necesita volverse a un modelo de intercesión genuino y permanente, hasta el fin de los tiempos. Si no hemos logrado más, es porque no hemos orado suficiente, no hemos guerreado lo necesario. Porque la lucha no termina... mientras haya vida, seguiremos en guerra, y guerra sin cuartel. Pero con la firme confianza de que siempre saldremos vencedores.
No podemos quedarnos pasivos frente a esta realidad, y menos conociendo nuestras armas de milicia, de guerra. Tenemos todo para ver cumplidas las promesas de Dios, de vida y libertad, de prosperidad y bendición... ¿Qué esperamos? Tomemos posesión de la tierra espiritualmente, ésta nos pertenece, le pertenece a nuestro Dios, su creador y Señor.
Esto es el anhelo de Ministerio Rhema, ejercer un ministerio de intercesión con pasión, que se preocupe por la liberación de vidas cautivas, que asuma el reto de restaurar corazones, edifique iglesias, consuelen al que sufre y cumpla los anhelos de Dios.
¡Dios les bendiga!
Ministerio Rhema.
Rhode, Eva, Lore, Silvia,
Judith y Lourdes. |
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La Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús como una Iglesia Pentecostal, siempre ha sido inspirada por la influencia y llenura del Espíritu Santo (derramado en los corazones de los creyentes, El Consolador, El Dynamis). Esto, sin duda, nos dirige a un Avivamiento permanente, un despertar Espiritual a través de las generaciones que han desfilado y desfilan en este “Cuerpo de Cristo”.
Pero más allá del sólo avivamiento, nuestra esencia pentecostal, nos marca siempre la línea de lo sobrenatural, aquello que desde la Iglesia primitiva es evidente. El Poder del Señor actuando a través de sus discípulos y como cumplimiento a la promesa de “…no los dejaré solos, les enviaré un Consolador…” (Juan 14:16-18), “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, nos les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Marcos 16:17, 18). “De cierto, de cierto os digo: El que en Mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre” (Juan 14:12). El Señor desafiando a la iglesia a vivir bajo la Unción, Fe y Poder como en el principio.
Es el mismo Poder que actúa en los creyentes de la iglesia actual, que enfrenta nuevos desafíos, pero siempre está la palabra fresca (logos y rhema) y la promesa.
Nuestra historia es auténtica; siempre perfilada en el pensamiento Divino (Bíblico). Hombres y mujeres apasionados por servir a Jesucristo, cumplir con sus sueños y llenos de la unción del Espíritu Santo. Cada proyecto realizado ha sido encauzado en esa búsqueda; que las nuevas generaciones nunca pierdan la esencia Pentecostal, el avivamiento, la santidad y el desarrollo de los dones y ministerios.
Podemos retomar Misión Apostólica 2000 como un proyecto que forjó un crecimiento Misionológico, en sus vertientes: Hacia Dios, hacia la iglesia misma y hacia el mundo, y siempre al cuidado de lo pentecostal. Luego Excelencia, que no sólo es un proyecto de investigación bibliográfica, sino que enmarca pautas claras en sus objetivos, y con un Dios que es Excelso, sólo podemos hablar de una Iglesia Excelente.
Excelencia, objetiva claramente ser una Iglesia Pentecostal, sana y con propósito.
Misión Apostólica y Excelencia, dos proyectos en diferente tiempo pero siempre sosteniendo nuestra convicción y nuestra esencia: La pentecostalidad.
En el año 2005, con inquietud del Espíritu, nace RHEMA, un equipo de intercesoras con una pasión en común, que luego se cristalizó en el objetivo de unir a las mujeres que están dispuestas a ejercer sus ministerios para la edificación del Cuerpo de
Cristo, pero además, convertirse no sólo en intercesoras sino en guerreras de oración para restaurar, edificar y consolar, de manera que la oración y lo sobrenatural sean bases fuertes para el crecimiento sano en la Iglesia. Nuestra carga era grande, pero la confirmación y respuesta de Dios era mayor. El proceso para esta pasión ha sido el quebrantamiento que el Señor permitió con un propósito. Esto nos llevó a buscar el rostro de Dios con gran necesidad, en una adoración genuina, y en el gemir por el mundo y por los pecados en el pueblo de Dios (Nehemias 1:5-11; Isaías 1:5-6; Ezequiel 22:30).
El Señor Jesús mostró la visión de unir las fuerzas de todas las mujeres, para formar un ejército poderoso de intercesoras teniendo el anhelo de cumplir con el propósito de Dios.
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OBJETIVO GENERAL DEL MINISTERIO RHEMA:
“Ejercer un ministerio de intercesión con pasión, que se preocupe por la liberación de vidas cautivas, que asuma el reto de restaurar corazones, edifique iglesias, consuele al que sufre y cumpla los anhelos de Dios”.
OBJETIVO ESPECÍFICO:
Ser un ejército de mujeres intercesoras sanas, fuertes y decididas que practiquen la fe y la santidad como estilo de vida propio del que gana batallas, para contrarrestar y destruir toda artimaña del enemigo, buscando que el nombre de Dios sea siempre glorificado.
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Interceder, clamar y gemir por cada uno de los miembros de nuestra amada iglesia, así como por los líderes y sus familias para que gocen de bendición, unidad, salud, prosperidad espiritual y económica. También para que desarrollen y ejerciten los dones y ministerios con los que Dios los ha dotado.
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Formar y unir al ejército apostólico de la Fraternidad Femenil de Dorcas para ejercer y desarrollar los ministerios de poder en todos los niveles de participación de la fraternidad: general, distrital y local.
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Actualmente somos siete mujeres trabajando para transmitir, promover, hacer crecer y reforzar este Ministerio de Intercesión.

Sabemos que el trabajo es amplio y vasto, y que se siguen necesitando muchas vidas dispuestas a sacrificarse por el Señor y en bien de su obra. Hay muchos espacios qué llenar, muchas más zonas por alcanzar, así que este Ministerio continuará creciendo para la Gloria de nuestro Dios, el Señor Jesucristo, y para la edificación de su Iglesia. |
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Hno. Nicolás Herrera
Pastor Asesor |
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